A menudo, en las intervenciones públicas de los políticos echo
de menos la elocuencia. Esa capacidad de transmitir en una sola frase un
argumento que convenza de sus intenciones, que implique a quien le escucha, que
haga sentir y que esos sentimientos sobrevivan al análisis crítico por su
viabilidad y compromiso. Un texto casi cinematográfico que defina una
estrategia como aquel ‘no volveré a
pasar hambre’ de Escarlata O’Hara. Ya sé que en política no todo el mundo es
Martin Luther King o, en la variable hispana, Emilio Castelar. Pero lo echo de
menos.
Últimamente, sin embargo, cada vez que nuestros políticos
abren la boca no dejo de pensar en los Hermanos Marx. En ese discurso, de poco más de una docena de palabras
ordenadas de una manera farragosa, tanto, que sólo queda la opción de reírse.
La última en llevarme a esa conclusión ha sido la secretaria
general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal. Su
intento de defender el final de la relación laboral de los populares con
Bárcenas ha sido realmente extraño. Será que su referencia en la
construcción de explicaciones también será hispana y en lugar de recurrir a la
familia Marx (algo habrá en su inconsciente) ha preferido optar por la versión
hispana: los Ozores, en este caso el genial Antonio Ozores.
El problema es que a nuestros políticos se les olvida que
los Marx y los Ozores hacían/hacen cine, que arrojan luces críticas sobre las sombras
de sus acciones. Sin embargo, el mensaje de Groucho, como el de Ozores, no está
en las palabras sino en el tratamiento que de ellas se hace para explicar que,
en ocasiones, se hace un uso retorcido para esconder, o no abordar, lo que
realmente interesa.
Lo terrible es que no alcanzo a entender el mensaje de
Cospedal. Y me temo que no soy la única ¿Lo hizo a propósito para que no la
entendamos o se prepara para un casting? Será lo segundo, ya sabemos la
querencia del PP por el cine español.
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