Cada vez me parece más dramática la gestión de las crisis en este país que habito. Yo creo que las palabras no se las lleva el viento, más bien son el instrumento con el que retratamos nuestros pensamientos. A veces son acertadas y a veces no, como cualquiera de nuestras ideas. Tener la mente abierta es la clave para revisarlas, reforzar lo que hacemos bien, corregir lo que hacemos mal y buscar nuevas alternativas. Vamos, de manual de vida.
En la política, parece que es al revés: Hago algo; lo reafirmo; si la cago, niego la mayor y si acierto, miel sobre hojuelas y me postulo para el Nobel. Pero nada de rectificar, que eso es de cobardes.
Nuestros políticos saben que no los apreciamos y que los identificamos con la corrupción. Pero no se dan cuenta de que son ellos mismos los que nos han inoculado una desconfianza extrema para llegar al poder.
Carlos Floriano, vicesecretario de organización del PP admitía ayer que su partido estaba dispuesto a desnudarse "ante los jueces pero no ante Rubalcaba" ¿Por qué sólo ante los jueces? Le pese más o menos, le guste más o menos, Rubalcaba representa a los españoles. Así que deben rendir cuentas y ante todos estamentos en los que está delegada la soberanía popular. No es optativo.
Es más, no tienen mucho de qué preocuparse. Es difícil que Rubalcaba les sorprenda con un planteamiento original ante su "desnudez" política. Su aportación al barullo del caso Bárcenas se ha limitado a un 'váyase señor Rajoy'. No sé si Aznar o sus asesores de hace 20 años cobrarán derechos por esta idea pero deberían planteárselo. Creo que en la memoria colectiva de la comunicación quedará tan anclada como aquel 'puedo prometer y prometo' de Adolfo Suárez. Eso sí, esta máxima ha sido menos versionada.
Esto me lleva al aspecto más preocupante de todos: ¡Qué poco originales son! Dejan la investigación en manos de los tribunales (como si ellos no supieran que legal y justo no son sinónimos), se enzarzan en una pugna infinita de 'y tú más' y, al final de la jornada, se van a casa con la sensación del deber cumplido. Han reforzado su pensamiento, se han enfrentado a su rivales y han mantenido su empleo. Pero ¿eran esas las cosas por las que nos pidieron el voto? Está claro que están gestionando mal las crisis: la ideológica, la política, la económica... Deberían revisar sus ideas antes de lanzar sus mensajes.
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