martes, 26 de febrero de 2013

Cine y elocuencia


A menudo, en las intervenciones públicas de los políticos echo de menos la elocuencia. Esa capacidad de transmitir en una sola frase un argumento que convenza de sus intenciones, que implique a quien le escucha, que haga sentir y que esos sentimientos sobrevivan al análisis crítico por su viabilidad y compromiso. Un texto casi cinematográfico que defina una estrategia como aquel  ‘no volveré a pasar hambre’ de Escarlata O’Hara. Ya sé que en política no todo el mundo es Martin Luther King o, en la variable hispana, Emilio Castelar. Pero lo echo de menos.
Últimamente, sin embargo, cada vez que nuestros políticos abren la boca no dejo de pensar en los Hermanos Marx. En ese discurso,  de poco más de una docena de palabras ordenadas de una manera farragosa, tanto, que sólo queda la opción de reírse.
La última en llevarme a esa conclusión ha sido la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal. Su intento de defender el final de la relación laboral de los populares con Bárcenas ha sido realmente extraño. Será que su referencia en la construcción de explicaciones también será hispana y en lugar de recurrir a la familia Marx (algo habrá en su inconsciente) ha preferido optar por la versión hispana: los Ozores, en este caso el genial Antonio Ozores.
El problema es que a nuestros políticos se les olvida que los Marx y los Ozores hacían/hacen cine, que arrojan luces críticas sobre las sombras de sus acciones. Sin embargo, el mensaje de Groucho, como el de Ozores, no está en las palabras sino en el tratamiento que de ellas se hace para explicar que, en ocasiones, se hace un uso retorcido para esconder, o no abordar, lo que realmente interesa.
Lo terrible es que no alcanzo a entender el mensaje de Cospedal. Y me temo que no soy la única ¿Lo hizo a propósito para que no la entendamos o se prepara para un casting? Será lo segundo, ya sabemos la querencia del PP por el cine español.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Mensajes relevantes

Llevo un par de días dándole vueltas a la forma en la que el Papa ha anunciado su renuncia: sólo había un pequeño grupo de periodistas -porque no se esperaba mucho de la comparecencia pontificia- y sólo una hablaba latín, la única que tuvo la noticia de primera mano, ya que el resto tuvo que esperar a la traducción. Así que Benedicto XVI, el primer Papa con cuenta en Twitter ha acaparado los medios on y off line durante los últimos días sin utilizar una gran parafernalia mediática. Ni siquiera una lengua viva.
La curiosidad me lleva a rastrear su Twitter y no aparece ni un atisbo dimisionario, en lo que alcanzo a leer. No sé si interpretarlo como un gesto de humildad cristiana que le impide usar esa cuenta para proclamas personales. En cualquier caso viene a demostrar que la fuerza de un mensaje tiene tres elementos indispensables: su contenido, su emisor y su veracidad. 
Ser el primer Pontífice romano en siete siglos que arroja la toalla convierte la noticia en una bomba. Ser el líder espiritual de una religión con 1.200 millones de seguidores en el mundo también le da empaque al mensaje, porque garantiza la repercusión internacional. Y empezar a preparar los trastos para la retirada, garantiza la credibilidad. En cualquier idioma y en cualquier medio. 
Está claro que para llamar la atención de la audiencia y 'viralizar' el discurso que queremos transmitir no importa lo complejo del código si el mensaje es claro, su contenido relevante y demostrable y el portavoz es creíble. Así que si nuestros políticos quieren que creamos sus mensajes sobre 'lo aislado' de los casos de corrupción, deberían empezar a ser más contundentes en sus mensajes. 
Cabría pensar que, como en el caso del Papa, se expresan en latín y a día de hoy son pocos quienes lo entienden. Igual deberíamos analizar si los asuntos que tratan carecen de relevancia. O si es que no tienen tantos 'followers' espirituales como Benedicto XVI. Porque ¿caben dudas sobre la veracidad de sus palabras?

jueves, 7 de febrero de 2013

Gestión de crisis

Cada vez me parece más dramática la gestión de las crisis en este país que habito. Yo creo que las palabras no se las lleva el viento, más bien son el instrumento con el que retratamos nuestros pensamientos. A veces son acertadas y a veces no, como cualquiera de nuestras ideas. Tener la mente abierta es la clave para revisarlas, reforzar lo que hacemos bien, corregir lo que hacemos mal y buscar nuevas alternativas. Vamos, de manual de vida. 
En la política, parece que es al revés: Hago algo; lo reafirmo; si la cago, niego la mayor y si acierto, miel sobre hojuelas y me postulo para el Nobel. Pero nada de rectificar, que eso es de cobardes. 
Nuestros políticos saben que no los apreciamos y que los identificamos con la corrupción. Pero no se dan cuenta de que son ellos mismos los que nos han inoculado una desconfianza extrema para llegar al poder. 
Carlos Floriano, vicesecretario de organización del PP admitía ayer que su partido estaba dispuesto a desnudarse "ante los jueces pero no ante Rubalcaba" ¿Por qué sólo ante los jueces? Le pese más o menos, le guste más o menos, Rubalcaba representa a los españoles. Así que deben rendir cuentas y ante todos estamentos en los que está delegada la soberanía popular. No es optativo.
Es más, no tienen mucho de qué preocuparse. Es difícil que Rubalcaba les sorprenda con un planteamiento original ante su "desnudez" política. Su aportación al barullo del caso Bárcenas se ha limitado a un 'váyase señor Rajoy'. No sé si Aznar o sus asesores de hace 20 años cobrarán derechos por esta idea pero deberían planteárselo. Creo que en la memoria colectiva de la comunicación quedará tan anclada como aquel 'puedo prometer y prometo' de Adolfo Suárez. Eso sí, esta máxima ha sido menos versionada.  
Esto me lleva al aspecto más preocupante de todos: ¡Qué poco originales son! Dejan la investigación en manos de los tribunales (como si ellos no supieran que legal y justo no son sinónimos), se enzarzan en una pugna infinita de 'y tú más' y, al final de la jornada, se van a casa con la sensación del deber cumplido. Han reforzado su pensamiento, se han enfrentado a su rivales y han mantenido su empleo. Pero ¿eran esas las cosas por las que nos pidieron el voto? Está claro que están gestionando mal las crisis: la ideológica, la política, la económica... Deberían revisar sus ideas antes de lanzar sus mensajes.