jueves, 22 de noviembre de 2012

El sentido común como instrumento de comunicación

Veo en 'El huffington post" que Arturo Fernández asegura que no ha visto "gente más fea que en las manifestaciones" contra los recortes. El primer arrebato es pensar que cada vez veo más gente sin cerebro opinando en las tertulias. No por lo que piensa, sino por la forma de expresar sus pensamientos. Una puede, o no, estar de acuerdo con las movilizaciones; puede, o no, valorar las acciones de otros, pero hay que pensárselo dos veces antes de actuar con arrebato y no medir lo que un comentario dice de nosotros, más allá del significado de las palabras.
En el caso de que el comentario de Fernández fuera cierto ¿qué habría que hacer? ¿esconder a todos aquellos que rompen los ideales clásicos de belleza? ¿impedir a las personas feas que opinen? ¿limitarles el acceso a la libertad, la cultura, la educación, el empleo, la sanidad... para que no nos afeen los espacios públicos? Eso por entrar en un debate mucho más complejo, definir la belleza o demostrar científicamente que razón y guapura son sinónimos, que no dejaría de tener su interés para desmontar otras teorías absurdas como la asociación rubia-descerebrada.
Decía en la anterior entrada que un buen comunicador necesita empatía para ponerse en la piel de otro y saber cómo llegarán sus palabras. Y la empatía necesita el uso adecuado y persistente una herramienta: el sentido común.
Algunas de nuestras ocurrencias pueden tener mucho éxito en la barra de un bar, frente a un grupo de amigos. Pero en un medio de comunicación, el público no le conoce en profundidad, no tiene la cercanía y solidaridad que otorgan la amistad, y nadie, por mucho que comparta sus ideas, admitirá que su hijo es feo.
El sentido común dicta argumentos razonables como: no digas de otro lo que no quieras que digan de tí. O lo que es lo mismo: antes de decir algo, cuenta hasta diez y valora si realmente eso que dices es lo que quieres decir. Porque asumir nuestros argumentos es una buena forma de defenderlos. Y de retratarnos.

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