Los seres humanos somos asombrosos, capaces de renunciar
a un riñón para salvar una vida o de lanzarnos ratas
muertas por diversión. El refranero, que algunas veces es muy
sabio, dice que ‘obras son amores y no buenas razones’. Esto me hace darle
vueltas a quienes somos (los seres humanos) en función de nuestras obras. Y da
miedo.
En El Puig (Comunidad Valenciana) hacen una
fiesta para lanzarse ratas. Hasta 1996, eran ratas y conejos vivos. A pesar de
las prohibiciones, por lo antihigiénico de la distracción y la protección a los
animales, este año han repetido. Eso sí, no matan a las ratas, recogen sus
cadáveres y los congelan para la fiesta.
Aunque parezca surrealista me da qué pensar
sobre los liderazgos españoles. A menudo captamos la atención por las cosas que
lanzamos con fuerza (balones, tomates, ratas…), pero la naturaleza de lo que
lanzamos y las razones por las que lo hacemos dicen mucho de nosotros.
Comunicarse es complicado. Primero hay que tener
algo que decir, después valorar que sea relevante y, por último, ser muy
preciso al explicarlo, para que no induzca a error. Y la comunicación no
siempre es verbal y argumentada.
Lanzar un balón para ganar un campeonato mundial
de balonmano (de fútbol, de baloncesto) habla de esfuerzo, preparación,
sacrificio, dedicación, espíritu, cooperación…
Pero lanzar una rata muerta… A lo mejor no capto
el mensaje. A lo peor, dentro de nosotros vive un bicho no evolucionado cuyo
cometido social es lanzar cosas y como nadie le puso un balón a tiempo… Cambió
el cuero por un roedor. Lo dicho, miedo me da.