martes, 29 de enero de 2013

Batalla de ratas


Los seres humanos somos asombrosos, capaces de renunciar a un riñón para salvar una vida o de lanzarnos ratas muertas por diversiónEl refranero, que algunas veces es muy sabio, dice que ‘obras son amores y no buenas razones’. Esto me hace darle vueltas a quienes somos (los seres humanos) en función de nuestras obras. Y da miedo.
En El Puig (Comunidad Valenciana) hacen una fiesta para lanzarse ratas. Hasta 1996, eran ratas y conejos vivos. A pesar de las prohibiciones, por lo antihigiénico de la distracción y la protección a los animales, este año han repetido. Eso sí, no matan a las ratas, recogen sus cadáveres y los congelan para la fiesta.
Aunque parezca surrealista me da qué pensar sobre los liderazgos españoles. A menudo captamos la atención por las cosas que lanzamos con fuerza (balones, tomates, ratas…), pero la naturaleza de lo que lanzamos y las razones por las que lo hacemos dicen mucho de nosotros.
Comunicarse es complicado. Primero hay que tener algo que decir, después valorar que sea relevante y, por último, ser muy preciso al explicarlo, para que no induzca a error. Y la comunicación no siempre es verbal y argumentada.
Lanzar un balón para ganar un campeonato mundial de balonmano (de fútbol, de baloncesto) habla de esfuerzo, preparación, sacrificio, dedicación, espíritu, cooperación…
Pero lanzar una rata muerta… A lo mejor no capto el mensaje. A lo peor, dentro de nosotros vive un bicho no evolucionado cuyo cometido social es lanzar cosas y como nadie le puso un balón a tiempo… Cambió el cuero por un roedor. Lo dicho, miedo me da.